domingo, 24 de febrero de 2019

Aprendiz de viento

Había una vez una niña que corría por el bosque de pinos amarillos y las agujas en el suelo se agitaban como saludándole al pasar.
Esa niña era una lernath, aprendiz de viento.
La escasa hierba que manchaba el marrón oscuro era un manjar para las erlinas que pastaban allí.
Se acercaba la noche y con ella los rituales de gabernath y las ofrendas a la naturaleza. 
Las kenvert-non habían concentrado una buena cantidad de energía para devolver a la naturaleza y los mol estaban preparando cada canal.
Toda la comunidad lernath (con suficiente entrenamiento) estaba ayudando a concentrar las nubes para cada copa de gabernath. Se acercaba la hora y las Maestras del Naverá empezaban a llamar a las alimina para que iluminaran los ríos.
Todo marchaba bien, hasta que Lilmon Bren llegó diciendo que nunca más vería pasar la energía sin hacer nada. Que el tiempo de los mol se había acabado. Había llegado la hora de alterar el flujo de energía; que ya no podía permitir que las bantabant muriesen de hambre mientras las kenvert-non y los mol se cargaban parte de la energía en cada ritual.
El tiempo de la explotación de la comunidad lernath y los cantos vacíos a la mahna se terminarían.
Lilmon era apenas una aprendiz de viento, pero entendía la circulación de la energía mucho mejor que la mayoría de los mol. Y había aprendido que el verdadero equilibrio estaba en conducir la energía desde donde abunda hacia donde escasea.
Había una vez una niña que corría por el bosque de pinos amarillos y las agujas en el suelo se agitaban como saludándole al pasar.
Su nombre era Lilmon Bren y desde aquella noche sería conocida como Lernath-Muberath, viento de cambio.

Nunca dejes que el orden de las cosas sea más importante que el equilibrio de las cosas.

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