lunes, 16 de marzo de 2020

Jacq

El vapor del pastel de papa serpenteaba sobre la mesa de la cocina. A lo lejos se escuchaba pasar el tren, Jacq y su asma conversaban en el patio como cada mediodía antes de almorzar. El perro de la vecina ladraba a cada persona que pasaba por la vereda y Jacq se lo imaginaba como si contara en voz alta, se imaginaba al bulldog de la vecina clasificando y llevando la cuenta: veintidós niños yendo a la escuela, once señoras haciendo compras, un vendedor de libros…
Jacq siempre había tenido mucha imaginación, según su padre era algo que tenía que ver con su asma y con que pasara tanto tiempo dentro de la casa. Pero su primo José, también había tenido asma desde pequeño y fuera del trabajo no hacía más que mirar fútbol por televisión, por lo que la hipótesis del asma no le parecía válida.
Con esa gran imaginación que tenía, buscaba soluciones para todo lo que sucedía a su alrededor. Esa tarde intentaba resolver la situación de violencia que se vivía en la casa de Lucía, su mejor amiga. Desde su punto de vista, el problema era la relación entre la madre y el padrastro, o mejor dicho, el problema era el padrastro. Pasaba horas leyendo sobre el tema, buscando más y más información en internet, tratando de entender causas y consecuencias, caminos de entrada y salida. Buscando una solución que aplicara al caso de la familia de su amiga.
La tibia brisa de verano le acariciaba el rostro que asomaba por la ventana de su dormitorio, Jacq pensaba en Lucía, elaboraba en su mente un diagrama de flujo que iba de la situación real a la situación ideal. Acariciaba la veta de la madera de su escritorio y murmuraba las opciones más viables.
Lucía vivía cerca de un pequeño centro cultural, con biblioteca, talleres, cine debate, y otras tantas actividades. Buscar ayuda ahí era una una buena opción.

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