sábado, 15 de julio de 2017

El Problema en Cachemir

Era un viernes frío. No me gusta el frío, pero si me gustan los viernes; tienen esa sensación de que algo cierra, de que algo se resuelve. Aunque más no sea por un par de días, y después veremos.
Era un viernes de octubre y el viento soplaba como noticiero de las nueve.
Yo estaba yendo a buscar una de esas cosas innecesarias que uno cree conseguir más barato en la otra punta del universo. De eso andaba volviendo cuando paré en ese bar de Ramos, ella estaba peleándose a cuchara limpia con unos dados de zapallo en almíbar. La vi, la vi, no era una mujer: era un problema vistiendo cachemir ¡y qué colores...!
Decidí que le hablaría, y después de unos cinco minutos que es lo que estuvo sonando Scorpions con 'Wind Of Change' me levanté.
Cuando estuve frente a su mesa, vi sus ojos, esos ojos inmensos, sabía que los conocía de algún lugar.
-¡Lucía! ¡Dormís en formol!
-Y vos seguís soltero! Acercarte a una mesa así...
-Casi, no es que siga soltero, si no que volví a estarlo. Me volví a juntar con, y a separar de Carla
la gran novedad es que esta vez la dejé yo. No sé si me cansé de que me mimara en público o de que me agrediera en privado.

Lucía fue siempre una fogata de encanto capaz de iluminar el invierno mas horrible, y yo estaba ahí y estaba en casa; no podía concentrarme. Mientras la escuchaba hablar pensaba en todo lo que pasaría, en todo lo que podría pasar y no quería que pasara, ella intentaría besarme otra vez, y yo volvería a poner cara de distraído mientras miraba cualquier imagen que no fuera su rostro. Esas bocas no se olvidan facil, una mujer que te besa con el alma no es nada facil de olvidar. Por eso, y por esa piel suave como las primeras brisas de la primavera.
No era la primera vez, y otra vez pensando en el todo me sedujo el momento, la sonrisa nerviosa, los suspiros, las miradas. Y la lluvia, la lluvia siempre moja todo.
Fuimos a su casa, quise pagarle el remís pero dijo que si yo iba en moto ella iba en colectivo;
obviamente fuimos en remis y lo pagamos a medias. La sintonía de nuestros cuerpos, rara vez se encuentra, podríamos decir que sucedió como una escena romántica de película -sin los abdominales aceitados ni los pechos operados-.
Un rato después ella miraba la tele y yo la miraba y la miraba con mi mano descansando sobre su vientre. Siempre tuvimos un diálogo directo -como cuando uno se habla al espejo- esa noche no era la excepción. Me miró, y dibujó media sonrisa, como si adivinara las sendas que andaba en mis pensamientos.
- En qué pensás, dijo
- Vos siempre quisiste abrirte conmigo mientras que yo siempre quise abrirte...
- ¿¡Eh!? No entiendo...
- Como quien levanta la tapa de un reloj para estudiarle el áncora o apreciar las cadenas y los silbatos del cucú. Siempre fuiste un ser especial en mi vida, apareciendo cuando te necesitaba para enseñarme a sonreir otra vez.
- La próxima vez que tenga flores, no te convido; te pegan mal,  Dijo soltando una carcajada.

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