domingo, 16 de julio de 2017

Despiértate




Era un domingo por la tarde, en realidad era lunes pero cayó feriado y es casi lo mismo que un domingo. La invité a tomar algo al bar del Duende y dijo que sí. Yo me sentía ancho como el Paraná y largo como la cola del Nación cuando cobran los jubilados.

El Duende no fue a laburar porque se engripó fulero, no había reservado la mesa. Por suerte había lugar y no hubo problema. Hacía un año y meses que no nos veíamos, además para la Flaca era la primera vez que salía después de Juan.

El apodo de flaca no tenía nada que ver con su físico le decían así en el secundario porque era fanática del Flaco. Pedimos una pizza, se veía increible -ella, la pizza era una pizza-
Le pregunté como andaba de laburo y me dijo que todavia laburaba con el padre de Juan. Que era una sorpresa, por como habían terminado las cosas, y que evidentemente no había salido al padre.

Yo me moría por preguntarle si había vuelto a cantar. El pelotudo se ponía celoso y le había hecho dejar los escenarios. Era bastante conocida en el ambiente y escucharla cantar era verdaderamente emocionante. Tenia encanto, eso era indiscutible. Decían que los músicos tocaban mejor con ella en el escenario. Su versión de Fiebre era una delicia para los oídos.
Pero como sabía que era un poco poner el dedo en la llaga, me mordí la lengua y aguanté sin preguntarle.

No quiero mentir, nunca supe si extrañaba más su cuerpo o su voz.
La cena duró lo necesario. A la salida me miró fijo por unos segundos, apretando los labios como conteniendo una pregunta y dijo
- ¿Hace frío en tu casa? porque el viernes tengo un show en Villa Luro y me estoy cuidando...

Se me iluminaron los ojos y creo que se dio cuenta porque me miro a los ojos y sonrió.
Yo vivía sólo y ella había vuelto a la casa de los padres; no había mucho que resolver.

Nunca la había visto desnuda, tenía un tatuaje en el muslo derecho de un pescado rabioso mordiendo una almendra y abajo decía "YA DESPIÉRTATE NENA".
No dormimos nada y creo que despertamos a un vecino.

A la mañana siguiente, nos dimos una ducha, llamó un remís y se fue a trabajar. Me dio un beso de esos con abrojo y me dijo que la llame a las ocho y media, no antes, porque laburando no podía atender.

Yo me preparé para el laburo, donde tuve un día larguísimo pero me lo fumé como un campeón. Pareciera que a todos se les dio por ir al sevice el mismo día, pero tenía planeada una cena para dos y nada me iba a arruinar el buen humor. A las ocho y media, antes de salir, la llamé. Me daba apagado, asumí que se habría quedado sin batería, pasa.

Llegué a casa sin novedades, me pareció raro, pero cada quien es dueño de su tiempo y sus decisiones. Le habría surgido algún compromiso, pasa.

A la noche le mandé un mensaje al primo, que era el que nos había vuelto a poner en contacto, para ver si sabía algo. No llegué a apoyar el celular en el escritorio que ya me estaba llamando, sonaba fatal. Dijo
- Hubo un accidente en Flores, cuando volvía del laburo un camión se llevo puesto el colectivo...
y seguía hablando pero yo no lo escuchaba, miraba su perfil de face en el monitor de la pc y contenía el aire (no sé si no podía o no quería respirar) como si soltar el aire que tenía en los pulmones haría que todo fuera cierto, que se vuelva realidad. Como si pudiera contener semejante tragedia en los pulmones, ni siquiera pude contener el llanto.

Decidí perderme ese desfile deprimente de amigos y conocidos y familiares sollozantes, no sentía que tuviera derecho a estar allí.

Todavia voy cada tanto, los viernes, a sentarme en un banco en la estación de Villa Luro. A llorar mirando el piso, a esperar que aprezca, a esperar que todo sea mentira.






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