jueves, 15 de agosto de 2013

Caminando por la calle

Caminaba junto al cordón haciendo equilibrio sobre éste de cuando en cuando, mientras sobre su vida iba haciendo lo mismo. Se preguntaba las respuestas que había obtenido, y se respondía a preguntas que nadie había hecho. Caminaba por la vereda, y de cuando en cuando buscaba el calor del sol en los rayos que se colaban entre las ramas de los árboles. Miraba de costado los frentes de las casas del barrio y se preguntaba ¿Dónde, cuándo? Las calles son sin lugar a dudas un lugar común, un lugar cómplice, admiraba las calles tratando de recordar, atesorando los momentos que podía, que la calle todavía recordaba; Un helado, una cerveza, un cigarrillo mal apagado, la mierda en el zapato... Una vidriera, de pronto reconoce el reflejo, es una de esas dos personas ¡Sí!, si se sabe ese rostro de memoria... Sigue caminando, preguntando, respondiendo. Sigue caminando, bien... mal... no puede responder una respuesta tiránica, absoluta, monárquica, que se sostenga en el tiempo a pesar de todo, apenas y tiene una humilde respuesta democrática, un "está bien", y eso es todo, intenta no indagar, porque eso mismo siente, que al in-dagar, introduce una daga en su mismísimo centro. Y entonces se des-centra se des-con-centra, se para frente al mundo, frente a la inmensidad que es ese todo de una esquina con semáforo, esa nada que es una esquina de barrio, y todo es todo, y todo es nada. Todo vuelve a estar tan, tan como antes, tan como todo; Las cosas que pesan son más pesadas o más livianas, es difícil decir, es como el hielo que de frío quema, o las quemaduras que arden y se sienten heladas. Cambia el semáforo, cruza la calle y sigue caminando. Nada de grandes conclusiones. Nada de entender el mundo de golpe. Sólo paciencia, no hay respuestas, sólo paciencia...

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