jueves, 15 de agosto de 2013
El proceso de 'ponerse' a pensar
Invitarse a pensar es una buena costumbre, y aceptarse la invitación ofrece una gran aventura. Estamos diariamente invadidos por cientos de datos que nos resultan totalmente descartables, prescindibles, como lo son el exceso de publicidades, etc. Aunque digo que son descartables no los llamaría inutiles, porque al ver o escuchar esas publicidades, escuchamos algo así como una pequeña campanilla que nos invita a ver que ha sucedido al soltar una gota de esa información en nuestro océano cognoscitivo, donde ésta empieza a fundirse con esas aguas. Un hermoso escenario que puede alcanzar magnitudes épicas, desencadenado por un simple dato; el peso promedio de una mosca, la frecuencia del tubo de luz de una góndola de supermercado, el porcentaje de cloro por litro de agua “corriente”, los litros de gases tóxicos que se mezclan diáriamente con el aire de las ciudades, la capacidad regenerativa de un reptil, un aparato para hacer ejercicio que reemplaza al “viejo“ aparato que hace una semana intentaban vender, un folleto entregado en mano, un cartel, una vidriera, la bocina de un auto, las letras de la patente de un auto, las manchas de humedad en la pared, formas en la veta de una madera, las ramas de los árboles que se mueven con el viento, una frase, un número, una letra, una palabra, y otras tantas cosas son chispa suficiente para iniciar aquel proceso.
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