Eran las diez de la mañana, y yo caminaba de lado a lado de la habitación, tratando de entender quién era realmente Diego. Como tantos otros, Diego no quería ser entendido, sólo quería vivir. El estaba consciente de haber aparecido en algún rincón de mi mente, pero no por eso estaba dispuesto a revelarme todos y cada uno de sus secretos. Según sus palabras, si bien yo lo había hecho ser, y lo estaba definiendo, al hacerlo, el estaba re-definiéndome a mí como ser. Siendo así, el considera que se ha ganado el derecho a mantener un poco de misterio.
Las luces parpadeaban en una cocina ajena, la pava repiqueteaba con un pulso que parecía seguir a las luces. En el estudio, Diego seguía frente al lienzo esperando que una palabra, un sonido, algo le arrancara de pronto el terror que producía en su mente ese atril tan conocido, que hoy veía tan gris y falto de las pasiones que ayer le daban los trazos que sus manos acompañaban a vivir. "La noche era morena" - Dijo, pensando en voz alta - murmuró algo sobre los tejados, y continuó "Quizás después de un rubio atardecer, un satélite monocromático será objeto de apreciaciones románticas". Dicho esto, sintió las manos tan desnudas, que rápidamente se hizo de un lápiz y su cuaderno. La imaginación de Diego reptaba con sigilo entre la puerta y la ventana, anticipando un tropiezo literario que podría o no, tener lugar en un futuro cercano. Medio vaso de vino en la mesa se escondía tras el mate, mientras la pava seguía a su propio ritmo. Diego levantó el vaso, lo miró a la luz y lo bebió de un sorbo. Fue a la cocina, y sacando el agua del fuego, sucedió, al menos en parte. Le había llegado una idea, un concepto, no podía expresarlo en palabras pero podía verlo en su mente. De pronto una mentira, entro volando por la ventana y se posó sobre su hombro. Diego la miro con sorpresa, abrió la boca para expresarse, pero antes de que pudiera decir nada, la mentira había abierto sus alas y planeaba hacia el suelo vociferando incoherencias y verdades a medias. "¡No te creo, mentira!" - Exclamó Diego, mirándola a los ojos -. "Nos conocemos" - Dijo la mentira, devolviéndole la mirada, y continuó -, "No hemos tanto, y por tanto, no haremos tanto; pero sabes que sé cuando has, porque entonces yo he también".
Hasta aquí podría creerse que Diego juega con el espectador manteniendo un diálogo constante con su imaginario, al animar y personificar a los conceptos que de éste surgen. Un analisis más profundo revelará intencionalidades compartidas entre el plano del autor, el plano del narrador, y el plano de Diego.
Habiendo hecho claro esto, estamos en condiciones ahora de afirmar que los tres presentan sendas intenciones de envolver a quien lee, en lo leído.
No hay comentarios:
Publicar un comentario