Es uno de esos días en que uno se levanta con la hermosa intención de escribir algo que exprese la innumerable cantidad de sentimientos que desde nuestros sueños hasta la cocina, donde ponemos la pava, hemos de intentar descifrar. Para quienes tenemos el pequeño placer de escuchar el agua calentarse, esos repiques que hace en el fondo de acero haciendo vibrar la tapa, hasta que finalmente vibra la pava completa, alterando las formas de las lenguas de fuego que la acarician desde abajo hacia arriba, para nosotros, el levantarse y el preparar un desayuno es un gran ritual, como todo ritual, requiere concentración y cuando nos concentramos, enfocamos, cuando enfocamos volvemos al punto.
Entonces volviendo al punto, como todos alguna vez, me encuentro pensativo, todos tenemos -<em>aun los mas obtusos</em>- al menos uno o dos momentos de lucidez al día. Y es en uno de esos momentos que me pregunto ¿ hacia dónde apunta mi brújula ? ¿ hasta dónde hay aceptar ? ¿ qué hora es en mi reloj biológico ? ¿dónde está el límite entre el aceptar y la negación ? ¿ cuando es hora de apurarse ?
Todas estas preguntas no nos llevan mas que al punto de partida de otras tantas preguntas que al final acabaran por responderse a si mismas, y terminaremos por aceptar que somos los que hacemos la pregunta a la medida de la/las respuesta/as que estamos dispuestos a ofrecer.
Responderse a si mismo es a menudo una tarea difícil de realizar, como lo son todas las tareas que implican un simple y puro compromiso de veracidad para con uno mismo, porque aunque sepamos que no podemos mentirnos, nadie dice que no podamos seguir intentándolo. En esa negación de la realidad que nosotros vemos claramente, se nos hace imposible no despreciar los defectos propios en los demás, todas esas cosas que no nos gustan de nosotros, pero que no podemos/queremos cambiar, las vemos en los demás, y simplemente nos irritan, bueno, no se si "simplemente" sería la palabra, porque a decir verdad lo hacen de un modo bastante complicado donde nos resulta totalmente imposible ver, que estamos viendo los caracoles fuera del agua sabiendo que dentro del agua tienen otro brillo. Cuando tomamos estos caracoles fuera del agua, no solo le cambiamos el brillo, sino que ademas corremos el riesgo de alterar su estructura basica, y provocar daños irreparables, que daran por terminado su ciclo de vida tal y como lo conocimos, porque nos olvidamos que el caracol que vemos en nuestra mano, es tal, solo porque vive en el agua.
Sin tantas vueltas (<em>como las que tiene el caracol</em>), hay que entender que cada persona es la persona que conocemos, porque ha adquirido ciertas experiencias, realiza ciertas actividades y se mantiene en un ambiente ya sea físico (especifico o genérico) y/o social, que le posibilitan seguir siendo quien es. Obviamente esto va hacia ambos lados, y no todo los cambios son malos, a veces precisamente por estos motivos uno puede necesitar cambiar de ambiente. En resumen, para que sea quien conociste, tenes que permitirle serlo, o de otro modo se irá transformando e ira perdiendo su brillo natural hasta convertirse en un ente que solo vive para nuestros propósitos.
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